jueves, 18 de agosto de 2011

Tocha.

Tocha, le pusimos. Tenía un mechón rojo que resaltaba en la espesa mata que era su despeinado negro pelo. Un Mestre, venido de Brasil, no cesaba de referirse a él como Tocha, Tocha. ¡Antorcha! Eso quería decir. Y así se ganó su apelido de la Capoeira. Venia de otro grupo y había practicado con Jabalí, un negro brasilero que vivía con una cuarentona de Palermo. Jabalí viajó a Perú por una oferta para enseñar allá, dejando a su cuarentona de turno y a sus alumnos. Así resumía Tocha su historia con la Capoeira. Y así la había escuchado tantas veces yo, en distintos boliches, luego de alguna exhibición. Porque esa era su línea de entradas preferida. La historia de su apodo, que dejaba de ser Apelido cuando no estábamos en Capoeira, se convirtió rápidamente en una manera de resumir lo que hacía. Para que las chicas entendieran, arrancaba por el lado del Axé, mal llamado Brasilero, devenido en el Onda onda y Baila manteca, manteca. Les decía que hacia algo parecido, que conocía un par de negros y que el collar que tenía, comprando en Plaza Francia, se lo había regalado un Mestre o Maestro, como solía aclararles, para presumir de su portugués. Nunca entendí como toda esa cháchara funcionaba, pero realmente, lo hacía. Ellas se interesaban, terminaban pidiéndole de ir a verlo a alguna Roda, cancheras ya en el vocabulario de la Capoeira. Así Tocha encendía la noche.

Pero Tocha era el personaje. El que salía en los boliches, pero también era aquél que aparecía en las Rodas. Ahí se mezclaba con la Capoeira, y los rasgos de su personalidad se reflejaban en su jogo. Los movimientos cobraban otra forma y dejaban de ser simples repeticiones, los integraba creando así de manera inconsciente un estilo particular, diferenciándolo. Las acrobacias se mezclaban y el fluido ir y venir tan característico de la Capoeira, aparecía. Una función de teatro comenzaba con su jogo. Cada expresión, cada movimiento y amague contaba. Se adaptaba al otro jogador, descubría sus mañas y se divertía a costa de eso. Tocha molestaba, encontraba los vacíos y disfrutaba, casi quemando el piso, con alguna rastreira desorientando a todos y haciendo caer sin remedio al oponente. Pero ahí no terminaba la función, seguido de eso te ofrecía la mano y sonreía. Todo era un juego y no había maldad, pero si mandinga. Y la roda volvía a comenzar.

Galo debía su apelido a la cresta que llevaba cuando comenzó a hacer Capoeira. Tenía una capacidad extraordinaria para asimilar los movimientos y avanzó muchísimo en muy poco tiempo. Solía buscar siempre jogar con los más avanzados, como si quisiera demostrar constantemente que él estaba a su altura. Su facilidad para aprender y su flexibilidad natural, le permitía mantener el ritmo intenso y rápidamente formó un estilo de jogo fuerte. Físicamente, era un excelente jogador de Capoeira, pero había algo que escapaba a su comprensión. Axé, además de ser un desodorante, significa energía. Para obtener este Axé, es necesario dar algo a cambio, nuestra propia energía. Es un intercambio que se da de manera inconsciente, pero que es generado por el conjunto de personas. Hasta el más fuerte cae por el Axé si no es capaz de comprenderlo, de ceder un poco, permitiendo el intercambio. La sensación es casi imperceptible. Es ese combustible que te permite seguir entrando, a pesar de que ya no das más, porque lo que sucede adentro, te llama y hace que olvides el cansancio. Es esa sensación de vacío, de cansancio inmediato cuando no logra generarse. Y que demuestra que no importa si son muchos o pocos los que jogan, sino de lo que cada uno cede y cuanto aporta para que la Roda crezca.
Galo nunca pudo entender eso. El no cedía nunca, se imponía porque esa era su forma de ser. No eludía, iba al choque constantemente. Fue de esta manera que se encontró con Tocha. Fue la última vez que jogaron donde todo cambió. Galo llevaba ya 2 años en el grupo. El ambiente estaba especialmente cargado de Axé. Ese día nos juntábamos en el gimnasio donde entrenábamos siempre, que a causa de unas remodelaciones, había permanecido cerrado durante un mes. Eran muchas las ganas de jogar, el São Bento que interpretaba el Berimbau invitaba alegremente. La roda estaba pronta por comenzar.
Estas introducciones antes del jogo se daban de manera espontanea. Alguien, comenzaba a jugar con algún berimbau, otro lo seguía con el pandeiro, y el Atabaque pronto comenzaba a retumbar. El ritmo aceleraba los latidos. Alguno comenzaba una canción y las lembranças del pasado llegaban desde todas partes del gimnasio, ya que mientras cada uno entraba en calor y elongaba, repetía sin darse cuenta el coro. Los que no estaban elongando se acercaban y aportaban palmas o intercambiaban los instrumentos.

Tocha llegó tarde ese día, como de costumbre. Era sábado, 3 de la tarde. Él se presentaba con lentecitos oscuros, que escondían alguna resaca. La imagen era repetida y ya acostumbrada, pero duraba tan solo unos instantes. Entraba al vestuario y salía distinto. El uniforme, siempre impecable, producía el efecto. Bastaba que un Berimbau llegara a sus manos para que el cambio fuera completo. Y allí se metía a zapar con los demás instrumentos, a desbordar los coros y aportar color a cada canción y luego, la roda comenzaba. Siempre parecía que lo estábamos esperando.

Cuando comenzaron a jogar, Galo se mostró desafiante yendo constantemente al ataque, buscando el choque con cada uno de sus movimientos. A pesar de eso Tocha se movía con fluidez, sonriendo constantemente. Parecía que no se tomara en serio los ataques y la facilidad con la que los esquivaba tan solo servía para que Galo siguiera intentando. Entre acrobacias, sutilezas y un poco de astucia, Tocha seguía encontrando los vacios, aguardando pacientemente. Nadie más entraba en la roda, no porque no se pudiera, en realidad todos los demás estaban concentrados en observar. Los coros se escuchaban cada vez más fuerte, la música sonaba más alto y la velocidad e intensidad continuaban ascendiendo. Las patadas pasaban tan cerca de los rostros, que parecían rozarse a cada momento, pero nunca llegaban a hacer contacto. El jogo cambiaba constantemente, ahora por arriba, luego por abajo. Movimientos instintivos, reacciones espontaneas deslumbraban a quienes mirábamos. Galo no se cansaba y Tocha mantenía el ritmo, ninguno parecía estar dispuesto a detenerse.

Fue Galo quien se equivocó. Confiado en la velocidad de sus patadas y en su elongación, lanzó un martelo demasiado alto, pero poco efectivo. El recorrido circular de la patada, permitía un momento para reaccionar y Tocha lo aprovechó. Sin dudar un segundo esquivó y atacó en el mismo movimiento, la altura de la patada le daba libertad para acercarse lo suficiente para barrer la otra pierna. Galo cayó limpiamente. La roda se exaltó por un momento y se intensificó el Axé que había en el aire. Tocha extendió su mano sonriendo como era habitual pero Galo hizo algo que nadie se esperaba, se levantó y golpeó de lleno con el puño cerrado en la cara de Tocha. La roda terminó.

Mi profesor, luego de este incidente, detuvo la roda. Tocha no respondió a la agresión. Dejo de sonreír y lo miró por un segundo y salió. Galo fue invitado a retirarse y no volver nunca más. Esa fue la última vez que lo vimos. Ese día entendí una frase que me habían dicho, “Uno no deja a la Capoeira, es la Capoeira la que lo deja a uno…” Galo no dejó ese día a la Capoeira. Supimos que entrenó en otros grupos, pero al tiempo abandono sus intentos definitivamente. Fue la Capoeira quien lo dejó, a pesar de que él no lo entendiera nunca así.

Tocha sigue jogando. Se decidió finalmente y comenzó a dar clases, ya no usa los lentecitos de los sábados, y el collar que se había comprado en Plaza Francia me lo regaló a mí. Yo no digo que tiene un pasado arraigado a algún Mestre de Brasil, pero puede que alguna vez, haya contado alguna de las historias que ese collar vivió. ¿Qué puedo decirles…? No sé cómo es que toda esa Cháchara funciona, pero realmente lo hace. Y la Roda continúa.

domingo, 31 de julio de 2011

Tercer consigna. primera personalizada.

La tercer consigna, es algo más especifica. propone hablar de la visión externa de la Capoeira. Recompilar todas esas cosas que me dijieron, al respecto del tema y hacer un texto que abarque un poco todo eso. Este fue el primer intento.


Siempre mi fe apunta a lo mismo,

El rosario que yo rezo es un poco distinto.

Ningún Ave maría, tampoco padre nuestro

Mis oraciones tienen de por medio un São Bento...

Las primeras palabras que se me ocurren para describirla son: Arte, lucha, danza, música, historia. Imaginen una palabra que unifique todo eso, que lo simplifique. Una actividad repleta de su propia cultura, una forma de ser arraigada a su historia, un estilo de vida logrado por el esfuerzo de muchas personas. Una luta disfrazada de dança. Un intento de libertad que se tornó en una forma de expresarse: Una expresión libre del cuerpo. Imaginen algo así, pero resumido de manera simple, en una sola palabra. Porque yo, al igual que ustedes, cuando comencé tan solo sabía su nombre: Capoeira.


Para entender que es Capoeira, no hace falta saber absolutamente nada. No es necesario saber que es una danza-luta brasilera. O saber que no es lo mismo que el Onda onda o Baila manteca, manteca, manteca .¡De verdad! en primeras instancias, si nos detenemos a observar, son personas vestidas de blanco, que se patean sin golpearse, se doblan todos y parece que estuvieran bailando. ¿Hay negros en tu grupo? ¡Me encantan los negros! ¿Y rastas? ¿Son todos fumones? ¿Se re gana haciendo Capoeira, no? ¡Ay! Yo los veo siempre en la plaza. El único negro que había en mi grupo, se llamaba Shulio, era uruguayo, vivía con su pareja Héctor en un departamento y usaba unos shorts de jean muy particulares. Lo de las rastas, hasta yo las tuve, con eso creo que te puedo decir todo. Fumones… Bueno, creo que fumones hay en todos lados. Y sí, acá en Argentina estamos en las plazas, en las calles, hasta en los corsos. ¡Y descalzos! Siempre descalzos.

El Berimbau es el instrumento de la Capoeira y también un arco y flecha, como me dijeron alguna vez o una pipa gigante. Es el palo ese que usan en un tema de Sepultura, según me dijo alguien. Pero, ¿Cómo funciona? ¿Y qué haces con el palito? ¿La piedra para qué sirve? ¡Tócate unas cumbias! ¿Y vos sabes tocar eso? ¿Ay, debe ser re difícil, no? ¡Es un palo con un alambre y una calabaza que hace de caja de resonancia, nada más! Le pegas con el palito y según como apoyas la piedra en el alambre cambia el sonido. Lo que no saben es que con la simpleza de los 3 o 4 sonidos que son posibles lograr se puede hacer muchísimo. El berimbau, como les dije, es el instrumento de la Capoeira, pero también es el alma de la misma.

Si escuchas un blues, la atmosfera se llena de una extraña melancolía. El rock, es pogo, es recital. Un reggae trasmite armonía, relaja y pacifica todo. Un São Bento, tocado por el berimbau es capaz de manejar de la misma manera los ánimos de las personas en una roda de Capoeira, indicando cómo jugar con cada una de sus notas. El dialecto de la música es universal, comprendido desde el pequeño que responde por instinto hasta aquel viejo experimentado que conoce al detalle cada fragmento y cada sonido. A mí me gusta cuando cantan esas canciones largas con la música lenta y se mueven despacio. ¡Parece que estuvieran borrachos! Es como si fueran a caerse todo el tiempo y se enredaran entre sí. Así es como funcionaba el engaño, mientras el berimbau llora tocando Angola, recuerda el pasado e invita a contestar jugando y engañar lentamente con movimientos exagerados, esperando la distracción del oponente. Una Lembrança que habla de viejos Angoleros vestidos con gorros de cuero acompaña al berimbau.

Son muchas las historias que esconde la Capoeira. A simple vista se muestra como una danza que precisa cierta destreza física. Es una expresión alegre quizás, una entretención musical. Pero quien escucha, quien ve con detenimiento también descubre el sufrimiento de sus historias, las ansias de libertad en sus movimientos y la pasión retumbando en los tambores que marcan el ritmo.

miércoles, 27 de julio de 2011

La foto


La siguiente consigna pedía elegir una foto y hablar al respecto de ella. Revisando entre los albumes, encontré esta. Es una foto que me encanta, porque fue en una epoca muy particular. Fueron en unas vacaciones muy distintas a lo planeado.

Gesell 2009.

Ahí estás, haciendo lo que más te gusta. De cabeza al mundo como siempre. En ese momento no hay nada más. ¿Qué importa si se murió tu abuela hace 2 semanas? ¿Interesa que ella te está extrañando? Eso no aparece en tu cabeza en este momento. La verdad es que ahora tan solo sirve pensar en llegar al piso, en tocar la arena… y sentir que estás vivo.

6 días de vacaciones. Eso tenés. Volvés de este intervalo emocional y tenés que decirle “Hola!” a la realidad y no tenés ganas. Pero estás ahí, detenido en ese segundo disfrutando el simple hecho de estar vivo. Deteniéndote un instante y pensando en lo que te hace bien, por un segundo te lo permitís y luego volvés. La acrobacia se termina y todo vuelve a comenzar, seguís en la playa con tu bermuda preferida, pero no estás ahí. Y cada vez que te escapas a caminar volvés y te dejas llevar. Porque en tu cabeza está claro, lo sabes cada vez que te quedas solo con tus pensamientos y no te pones a evadir la realidad. Todo es bastante claro: La cosa está complicada. Y mucho.

Por eso ese instante es tan importante. Porque en ese segundo tenés paz, en el instante en que te despegas del suelo y te decidís a provocar a la gravedad, evadir la lógica y suspenderte por un momento en el aire, todo deja de importar. Todo se acomoda, se tranquiliza y te permite encontrar la armonía que necesitas. Y no es que busqués eso para no afrontar los problemas, en realidad es poder hacer eso lo que te da la fuerza para afrontarte contra todo lo que venga. Porque vos tenés “eso” que necesitas. Si, “eso” que no podes definir, que no necesitas entender del todo, tan solo poder percibirlo y comprender que te hace bien. Algunos le dicen pasión, otros puede que te digan que es lo que le da sentido a todo esto. La verdad es que nadie sabe muy bien qué es y por eso inventan lo que creen que más se acerca para poder describirlo. Pero eso no es lo que importa. Si lo tenés, aprovéchalo. Eso es lo que tenés que hacer. Y es lo que entendés cuando estás ahí. En el momento que todo finaliza, todo vuelve a comenzar. La fuerza para estar de pie aparece otra vez y todo continúa. La danza diaria, esa que todos los días bailás, te vuelve a mostrar donde es que estás.

En Gesell “disfrutando” unas vacaciones familiares.
Con tu viejo te fuiste, flaco. Tu viejo y su esposa. Y no solo eso, tu hermano con la novia y de yapa tú hermana con el novio, también. Y vos, que tenias que irte de vacaciones con tu novia, terminaste acá, solo sin saber muy bien cómo. Estas tenían iban a ser unas excelentes vacaciones pero de alguna manera terminaron así. Y ahí estás, con todos tus pensamientos y tratando de disfrutar el momento. Estas cerca del océano, a vos siempre te gustó. Y te hace bien venir a caminar, a saltar un poco y a recorrer. A tranquilizarte y pensar. Por eso es que sonreís cada vez que volvés a tocar la arena. Y aunque puede que nada este muy bien, respiras profundo, sacando todo el aire del cuerpo, para renovarlo con aire nuevo, a ver si sirve de algo. Y eso no sabes si te ayuda, pero te sirve. Tener esos trucos internos, te está salvando de hundirte en la arena y es por eso que los respetas.

No esperas entender nada más de lo que ya sabes, ni que de repente todo cobre sentido, sabes que eso no va a suceder, pero igual seguís intentando. Cada vez que saltas en la vida, cada vez que te arriesgas a despegarte y aventurarte sentís la misma sensación. Y la sonrisa llega siempre. Y sabes que esto también es así. Dentro de poco vas a sentir mucho dolor, lo sabes, pero eso no importa. Porque estás ahí, de cara frente al mar con todas estas sensaciones tan encontradas, buscando una respuesta entre las infinitas huellas que desaparecen. El viento te pega en la cara, ese viento tan distinto que parece llevarse todo. Y el dolor parece desaparecer, la angustia no te agobia. El paisaje te llena, se mezcla con tus ideas, las modifica y hasta las suaviza. Todo sigue igual, pero sos vos el que lo ve distinto, a veces es necesario darle la vuelta al mundo para entender con claridad ciertas cosas, a otros les basta ponerse de cabeza al mundo para que la imagen cobre sentido. Tú paz siempre va a estar de cabeza y siempre va a ser difícil de alcanzarla, pero siempre será eso que necesitas para continuar.

Consigna numero 1.

Esta fue la primera de las consignas. Consistia en armar un texto que expresara lo que el mundo se perdía sin nosotros. Contaba la historia de un soldado que cercano a la muerte decidia dejar escritas sus últimas palabras, sin saber si alguien las leería o no. Esto fue lo que salió.

Siempre guardas el comodín para una ocasión mejor
y la partida se termina sin que llegue esa situación.
Siempre reservas esa salvación
y nunca te jugas con todo el corazón.

Las cartas que se pierden cuando jugas
no son más que oportunidades que dejas pasar.
esperando por la puntuación ideal
sin aprender te vas a quedar.

Jugá sin pensar tanto
y juga para disfrutar.
Jugá hasta el final de la mano
y retirate sin que importe lo ganado...

Si perdés, te prometo
yo todo te devuelvo...
Nunca me intereso la apuesta
tan solo quiero jugar con vos de vuelta.

Siempre guardas el comodín para una ocasión mejor
y la partida se termina sin que llegue esa situación.
Siempre reservas esa salvación
y nunca te jugas con todo el corazón.

Nunca estoy muy seguro donde es que terminaran mis palabras, no sé si se leerán, si se perderán o quizás tan solo pasen desapercibidas, pero sé que ellas son la manera en que entiendo el mundo. Una palabra nunca es tan solo una palabra. Es una idea, un concepto, una manera de expresar muchas cosas. Se puede atar a sentimientos, emociones, disfrazarse con tonos y perderse en las distintas interpretaciones del lenguaje. Puede significar muchas cosas y también puede ser nada. Nadie conoce todas las palabras, ni las ha oído o imaginado. Son pocos los que se toman la molestia de interpretarlas, de descubrir que guardan. Cada detalle cuenta, cada sutileza se hace definitiva para la interpretación. De cualquier lugar puede emerger una idea, de una simple palabra puede escaparse un concepto y si hay un tanto de suerte sea el principio de una historia, un cuento, un poema o quizás una reflexión. La inspiración esta allí para ser tomada e interpretada y las palabras permiten eso, adaptándose en cada ocasión.

Los detalles hacen de esta vida lo que es, sin ellos nada tendría sentido. Es realmente extraño darse cuenta de que cada cosa puede contar y como se descuidan con el constante ir y venir…
Se pierde la magia y se desperdicia el momento. Cada minuto cuenta, cada respiración es esencial, no hay vuelta atrás, las sonrisas, los recuerdos, todo lo vivido, se integra a nosotros, pero no regresa. Tan solo se queda allí en sueños y viejas ilusiones. Y es por eso que las palabras, son tan necesarias. Es por eso que cada letra, cada sensación trasmitida se vuelve primordial. No importa donde vayan, tampoco si alguien las lee. Tan solo cuenta, que han sido dichas, que fueron escritas. Y si existe, eso que algunos llaman suerte, quizás sean recordadas…

Lo que quiero decir es que deseo que las palabras recuperen su valor. Que sean usadas pero no ignoradas. Que valgan… Que una palabra signifique honor y que con eso alcance. En algún momento todo eso se perdió. Y yo creo sinceramente, que recordar eso, recuperarlo… puede cambiar absolutamente todo.

No importa si es el principio, o acaso el fin. Que sea y estar allí para vivirlo es lo que realmente cuenta.